lunes, 30 de julio de 2012

SABINA EN CARNE VIVA: UNA ESTÉTICA DE LA IMPOSTURA.

… Y como además sale gratis soñar y no creo en la reencarnación, son un poco de imaginación partiré de viaje enseguida a vivir otras vidas.
// En muchas ocasiones me he sentido víctima del personaje por mí creado y culpable de haber colaborado en mi caricatura. […] La hipocresía que hay es abominable. //
Tal vez sería más exacto decir que el cantante piensa que la mentira -  //bendita sea // - posee arboledas que a él le gusta frecuentar. A veces hasta el punto, y con el riesgo, de que ésta se confunda con la realidad.
En la vida un artista lo único en verdad esencial, señores, es la poesía. Y la mentira puede llegar a ser tan lírica como un arpa. Más, incluso.
La mentira, Joaquín, nos conduce de forma ineludible a una de sus parientes más cercanas: la impostura.
No soporto la mentira en el comportamiento de la gente, pero en la literatura es lo único que quiero. Y en los sueños también. Si hay una mentira que soporto e incluso predico es la piadosa.
La mentira en el comportamiento cotidiano no la soporto. En la literatura, que me den más. En la canción, que me den más. Porque en las canciones y en los poemas las mentiras son más verdad que las verdades agropecuarias y peatonales.
Comencé preguntándole dónde, en su caso, terminaba el impostor y empezaba el escritor, y me contestó que en él no terminaba nunca el impostor, que él era todo impostura, y que sólo los malos escritores viven ajenos a ella.
¿Quién es el escritor? Pues el idiota de la familia. El que siempre quiere hacer cosas ante las que sus padres dicen: // Pero, por favor, ¿adónde crees que vas? // Es un oficio romántico en el peor sentido de la palabra, y sigue siéndolo.

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